Software para Linux: aplicaciones imprescindibles y alternativas a Windows

Última actualización: enero 17, 2026
  • Linux dispone de una amplia gama de aplicaciones gratuitas y de código abierto para cubrir ofimática, multimedia, desarrollo, juegos y productividad diaria.
  • Herramientas como LibreOffice, GIMP, VLC, Steam, Wine o VirtualBox sustituyen con garantías a programas muy usados en Windows y macOS.
  • La mayoría del software se instala fácilmente desde los repositorios de cada distribución o mediante gestores como apt, Flatpak o Snap.
  • Existen numerosas utilidades para mantener el sistema optimizado: limpieza, monitorización, copias de seguridad, cifrado y gestión avanzada de particiones.

Aplicaciones y software para Linux

Si acabas de aterrizar en el mundo del pingüino o llevas tiempo con Linux pero quieres exprimirlo a tope, merece la pena conocer qué software para Linux es realmente imprescindible hoy en día. No hablamos solo de cuatro aplicaciones sueltas, sino de todo un ecosistema de programas para trabajar, estudiar, jugar, crear contenido o simplemente mantener el sistema fino.

A diferencia de otros sistemas, en GNU/Linux casi todo gira en torno al software libre y de código abierto, lo que significa que la mayoría de herramientas son gratuitas, transparentes y con comunidades muy activas detrás. Además, en muchas distros podrás instalarlas desde el propio Centro de Software o con un simple comando apt install nombre-del-paquete, sin volverte loco buscando instaladores.

Suite ofimática y herramientas de productividad

En el terreno de la ofimática, la referencia absoluta en Linux es LibreOffice, una suite completa que sustituye sin despeinarse a Microsoft Office. Incluye Writer para documentos de texto, Calc para hojas de cálculo, Impress para presentaciones, Base para bases de datos, Draw para gráficos vectoriales y Math para ecuaciones. Su interfaz ha ido modernizándose y permite abrir y guardar en formatos de Microsoft Office, por lo que podrás intercambiar archivos con usuarios de Windows sin dramas.

Para instalarla en distribuciones basadas en Debian o Ubuntu basta con usar el comando sudo apt install libreoffice, aunque en la mayoría de distros viene ya preinstalada. Además, existe LibreOffice Online, que te permite montar tu propio “Google Docs” en un servidor si quieres edición colaborativa en la nube sin depender de terceros.

Si buscas algo más ligero para tomar notas rápidas o escribir en Markdown, hay opciones como Typora, un editor minimalista muy pulido, u Obsidian y Simplenote, centrados en la gestión de notas enlazadas y sincronización entre dispositivos. Para organización de tareas y proyectos, los usuarios más productivos suelen apoyarse en Trello (con cliente de escritorio para Linux) y en Slack o Telegram para coordinar equipos y comunidades.

En el terreno de los gestores de contraseñas, una pieza clave para el día a día es KeePass / KeePass2 o alternativas modernas como Bitwarden. Con ellos puedes almacenar credenciales en bases de datos cifradas y generar contraseñas robustas únicas para cada servicio, algo indispensable si trabajas con muchas cuentas y quieres reforzar tu seguridad digital.

Navegadores web y correo electrónico

En un escritorio Linux no puede faltar un buen navegador. El combo más habitual es usar Mozilla Firefox, proyecto de código abierto muy valorado en la comunidad, y combinarlo con Google Chrome o Microsoft Edge cuando necesitas compatibilidad extra o determinadas extensiones. Edge, basado en Chromium, también cuenta con versión para Linux y sincroniza marcadores, contraseñas y pestañas entre equipos.

Para gestionar el correo, hay varias alternativas potentes. Thunderbird sigue siendo uno de los clientes más usados, con soporte para múltiples cuentas, calendarios y extensiones. Evolution, del proyecto GNOME, funciona como un auténtico centro de información personal, con correo, agenda, tareas, notas y hasta integración con servidores Microsoft Exchange, lo que lo hace perfecto para entornos más corporativos. Si prefieres algo más sencillo, Geary apuesta por una interfaz limpia e integra bien con escritorios GNOME.

Edición de imágenes, diseño y fotografía

Para trabajar con imágenes en Linux tienes desde editores simples tipo Paint hasta herramientas a nivel profesional. El rey absoluto es GIMP, un editor de imágenes muy completo que muchos consideran la mejor alternativa libre a Adobe Photoshop. Permite trabajar con capas, máscaras, canales, selecciones avanzadas, scripts y plugins que amplían enormemente sus capacidades, desde filtros artísticos hasta automatizaciones complejas.

Si solo necesitas retoques sencillos, anotaciones o dibujos básicos, puedes tirar de Pinta o KolourPaint, con una curva de aprendizaje prácticamente nula. Y si tu trabajo se orienta más a gráficos vectoriales, logotipos e ilustración técnica, tu mejor baza es Inkscape, capaz de plantar cara a Illustrator o CorelDraw con funciones de nodos, alineación avanzada, efectos de ruta, tipografía y exportación en formatos estándar como SVG, PDF o EPS.

Para fotografía y revelado digital, Linux cuenta con auténticos pesos pesados. DarkTable se orienta al flujo de trabajo profesional con fotos en RAW, ofreciendo herramientas de clasificación, procesado por lotes, corrección de lente, curvas, color y un largo etcétera, muy en la línea de Lightroom. También puedes complementar tu flujo de trabajo con GIMP para ediciones más avanzadas una vez revelados los archivos.

Edición de vídeo, audio y multimedia

En edición de vídeo hay varias opciones muy sólidas. Kdenlive y Shotcut son dos editores no lineales de código abierto con soporte para múltiples pistas, efectos, transiciones, títulos y compatibilidad con casi todos los formatos gracias a FFmpeg. OpenShot ofrece una interfaz algo más sencilla, ideal para usuarios que vienen de programas tipo Movie Maker y quieren montar vídeos para YouTube sin demasiadas complicaciones.

Si necesitas dar un paso más en el terreno profesional, DaVinci Resolve también tiene versión para Linux. Es un editor de vídeo muy potente, con corrección de color avanzada, etalonaje, VFX y herramientas de audio integradas. Eso sí, se lleva especialmente bien con tarjetas gráficas NVIDIA, y requiere algo más de trabajo para dejarlo fino en hardware AMD. Su versión gratuita ya es muy completa; la versión Studio añade funciones avanzadas de IA, colaboración y HDR.

Para grabar y retransmitir, el estándar de facto es OBS Studio. Con él puedes hacer streaming a Twitch, YouTube o cualquier servidor RTMP, combinando distintas fuentes: juego, escritorio, webcam, imágenes, navegadores embebidos… También permite grabar la pantalla con escenas y transiciones personalizadas, añadir un mezclador de audio y gestionar diferentes perfiles según lo que necesites grabar.

En el terreno del audio, Audacity se ha ganado a pulso su fama. Es un editor de sonido libre con el que puedes grabar desde micrófono o entrada de línea, limpiar ruido, cortar, pegar, amplificar, ecualizar, aplicar efectos y exportar en distintos formatos (incluido MP3 sin depender ya de librerías externas). Para trabajos más avanzados de producción musical y multipista, Ardour es una estación de trabajo de audio (DAW) con soporte para MIDI, plugins, automatizaciones y mezcla profesional.

Reproductores y centros multimedia

Para reproducir contenido, pocas cosas hay más versátiles que VLC Media Player. Este reproductor de código abierto “se lo come todo”: prácticamente cualquier formato de audio o vídeo, subtítulos, streaming por red e incluso DVDs y Blu-ray. Además, permite ajustar la velocidad de reproducción, sincronizar pistas, aplicar filtros y convertir archivos. En Ubuntu se instala al vuelo con sudo apt install vlc.

Si quieres convertir tu ordenador en un auténtico centro multimedia de salón, tienes dos grandes opciones: Kodi y Plex. Kodi ofrece una enorme colección de complementos con los que puedes gestionar tu biblioteca de películas, series, música y fotos, así como conectarte a servicios externos, radios online o TDT por Internet. Plex, por su parte, se enfoca más en un modelo cliente-servidor: montas un servidor en tu PC y lo usas como “Netflix casero” para reproducir tus archivos desde otros dispositivos, aunque algunas funciones avanzadas requieren la versión de pago.

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Juegos, emulación y software de Windows en Linux

Lejos queda la época en la que se decía que “en Linux no se puede jugar”. Hoy en día, el cliente nativo de Steam para GNU/Linux es casi imprescindible si te gustan los videojuegos. Gracias a Proton, una capa de compatibilidad integrada en Steam, y el soporte de APIs como Vulkan, es posible ejecutar en Linux miles de títulos pensados originalmente para Windows. Valve mantiene una lista de juegos verificados, pero también puedes probar con otros y ajustar opciones para que funcionen.

Cuando un juego de Windows no está en Steam o necesita una configuración específica, entra en escena PlayOnLinux. Se trata de una interfaz gráfica sobre Wine que ofrece instaladores y perfiles prefabricados para muchos títulos y programas. Así se simplifica el proceso: eliges la aplicación de la lista, sigues unos pocos pasos y PlayOnLinux se encarga de configurar Wine con las librerías y ajustes necesarios. En Ubuntu se instala con sudo apt install playonlinux.

En el núcleo de toda esta compatibilidad está Wine, una capa que permite ejecutar aplicaciones y juegos de Windows en Linux sin necesidad de emular o virtualizar un sistema completo. No todo funciona perfecto, pero muchos programas corren sorprendentemente bien. Al instalar Wine podrás abrir ejecutables .exe con doble clic y configurar entornos “tipo Windows” para cada aplicación, ajustar versiones simuladas, DLLs, etc.

Si quieres ir un paso más allá en emulación, Genymotion ofrece máquinas virtuales Android para desarrollar y probar apps móviles; y, para ejecutar otros sistemas de escritorio, VirtualBox es la herramienta de referencia en Linux: te permite crear máquinas virtuales con Windows, otras distros, BSD, etc., probarlas, romperlas y borrar sin peligro para tu sistema principal.

Gestores de archivos, lanzadores y terminal

En Linux no estás atado a un único explorador de archivos. En KDE, Dolphin es un gestor muy completo con panel doble opcional, pestañas, vista previa y una gran capacidad de personalización. En Xfce, Thunar destaca por ser ligero, rápido y sencillo. Y si te manejas bien en modo texto, Midnight Commander te ofrece un gestor de ficheros en consola con dos paneles y atajos de teclado muy eficientes.

Para trabajar más rápido, muchos usuarios instalan Ulauncher en entornos tipo Ubuntu: con la combinación de teclas Control + Espacio abres un lanzador en el que empiezas a escribir el nombre de una aplicación, archivo o comando y aparece en cuestión de segundos. También admite extensiones y temas, con lo que se convierte en un buscador y lanzador universal.

En cuanto a la terminal, Linux siempre ha tenido un papel protagonista. Más allá de Bash, proyectos como Oh My Zsh ofrecen un framework para el shell ZSH con temas, plugins y autocompletado mejorado. Y si buscas una experiencia más moderna, Warp Terminal se está haciendo hueco gracias a funciones como el reconocimiento de comandos en lenguaje natural (“quiero actualizar el sistema”) o la integración con IA para sugerir soluciones y fragmentos de código, manteniendo al mismo tiempo la potencia de la consola clásica.

Gestión del sistema, limpieza y monitorización

Con el tiempo, cualquier sistema acumula archivos temporales, registros y otros residuos. En Linux, una de las herramientas más conocidas para limpiar es BleachBit, que actúa de forma parecida a CCleaner, permitiendo borrar cachés de aplicaciones, historiales, archivos temporales e incluso realizar borrados seguros de ficheros. Se instala fácilmente desde los repositorios (por ejemplo, con sudo apt install bleachbit). Stacer añade además un panel muy visual para controlar el uso de CPU, RAM, espacio en disco y procesos en tiempo real.

Para gestionar particiones, crear, redimensionar o mover volúmenes, GParted es el estándar de facto. Funciona como interfaz gráfica del comando parted y soporta una gran variedad de sistemas de archivos (ext4, NTFS, FAT32, XFS, btrfs…). Puedes usarlo desde tu distro o arrancando una imagen Live para modificar particiones sin montar el sistema. En algunos escritorios también se utiliza gnome-disk-utility (Discos) para gestionar unidades, comprobar su estado y formatearlas.

En el apartado de monitorización, el Monitor del sistema de GNOME permite ver en tiempo real el uso de CPU, memoria, red y procesos. Si quieres algo más visual en el escritorio, Conky te deja colocar widgets ligeros con información del sistema en el fondo de pantalla. Y para análisis de hardware en profundidad existen utilidades como CPU-X, HardInfo o GSmartControl, que muestran desde especificaciones de la CPU hasta atributos SMART de los discos y pruebas de rendimiento.

En materia de seguridad y red, UFW / GUFW simplifican la configuración del firewall de Linux con una interfaz muy clara para abrir o cerrar puertos. ClamAV es el motor antivirus de código abierto que se usa a menudo para analizar servidores y correos, y herramientas como Nmap resultan imprescindibles si quieres auditar puertos abiertos y servicios en tu red.

Virtualización, USB de arranque y copias de seguridad

Para trastear con otras distros o sistemas, VirtualBox es una opción muy popular: puedes crear máquinas virtuales, hacer snapshots, clonar discos, montar ISOs y probar cambios sin miedo. Si lo que quieres es instalar Linux en otro PC o llevarlo en un pendrive, YUMI (Your Universal Multiboot Installer) te permite crear USBs multiboot con varias imágenes a la vez, e incluso Live USB persistentes que guardan tus cambios entre reinicios.

En el terreno de las copias de seguridad, hay soluciones como CrashPlan para respaldos automatizados, o Veracrypt para crear volúmenes cifrados donde guardar información especialmente sensible. Dropbox, por su parte, ofrece cliente nativo para sincronizar carpetas en la nube, aunque cada vez más usuarios optan por montar sus propias nubes o usar servicios más alineados con el software libre.

Gestión de descargas, torrents y conversión

Cuando hablamos de descargas, en Linux tienes clientes de BitTorrent de todos los colores. qBittorrent es uno de los más completos, con motor de búsqueda integrado, soporte para enlaces magnet, DHT, filtros, gestión avanzada de colas y posibilidad de previsualizar contenidos. Transmission, instalado por defecto en muchas distros, es un cliente muy ligero y directo al grano. Tixati se suma a la lista con una interfaz muy detallada sobre los peers y el tráfico, aunque su estética puede gustar más o menos.

Para descargas directas, jDownloader es la herramienta estrella: monitoriza el portapapeles y captura enlaces automáticamente, soporta múltiples servicios de alojamiento, reconexión del router y descarga por lotes. XDM o uGet funcionan como gestores de descarga más tradicionales, integrándose con el navegador para acelerar y segmentar descargas. Y si necesitas convertir vídeos de un formato a otro, winFF actúa como interfaz gráfica de FFmpeg, permitiendo elegir códecs, resoluciones y presets sin tocar la línea de comandos.

Si sueles guardar contenido de YouTube, proyectos como Unrud facilitan descargar vídeos o solo la pista de audio, eligiendo calidad y pudiendo incluso procesar listas de reproducción completas, todo ello con interfaz gráfica y sin necesidad de recordar decenas de parámetros.

Mensajería, redes sociales y colaboración

En el día a día, la mensajería es otro pilar. Telegram dispone de cliente para Linux con todas las funciones: grupos, canales, bots, sincronización entre dispositivos y envío rápido de archivos entre móvil y PC usando el chat contigo mismo. Discord se ha convertido en una plataforma central para comunidades, gamers y grupos de estudio, con servidores organizados en canales de texto y voz, videollamadas y soporte para bots y automatizaciones.

Pidgin, por su parte, funciona como cliente universal de mensajería, permitiendo agregar múltiples protocolos (IRC, XMPP y otros) en una sola interfaz. Y aunque Skype sigue existiendo en Linux, muchos usuarios prefieren alternativas más abiertas o centradas en la privacidad, ya que el cliente de Microsoft arrastra desde hace años diversas dudas en materia de seguridad.

En el ámbito profesional, Slack es casi un estándar para comunicación en equipos de trabajo, con canales, mensajes directos, intercambio de archivos y una integración brutal con servicios externos (GitHub, Trello, CI/CD, etc.). Combinando Slack con Trello, por ejemplo, puedes tener un flujo de trabajo kanban muy bien engranado, recibiendo notificaciones de cambios en cartas directamente en tus canales.

Lectura, ebooks y organización personal

Si eres de los que siempre tienen un libro entre manos, Calibre es imprescindible. Se trata de un gestor de bibliotecas de libros electrónicos con funciones para convertir entre formatos (por ejemplo, de EPUB o PDF a formatos compatibles con Kindle), editar metadatos, enviar libros al lector, descargar portadas y hasta sincronizar con la nube. Funciona con prácticamente cualquier eReader y se ha convertido en la referencia absoluta en su campo.

Para música local, reproductores como Lollypop, Musique o QuodLibet ofrecen bibliotecas visuales muy ordenadas, con letras, biografías, arte de álbum y soporte para formatos como MP3, FLAC u OGG. Si te gustan los entornos limpios, Lollypop y Musique apuestan por interfaces minimalistas y muy agradables; QuodLibet se destaca por su flexibilidad en la gestión de grandes colecciones.

Cuando se trata de tomar notas y organizar ideas, además de Typora y Obsidian, opciones como WizNote o Simplenote aportan sincronización sencilla entre dispositivos, etiquetas y búsquedas rápidas. Para quienes necesitan seguir proyectos complejos o agendas compartidas, Trello y los calendarios integrados en Evolution o Thunderbird cubren casi cualquier escenario sin echar de menos soluciones de pago.

Con todo este ecosistema de aplicaciones, queda claro que Linux no solo está a la altura en cuanto a software disponible, sino que en muchos ámbitos va un paso por delante con herramientas gratuitas, potentes y muy bien mantenidas, capaces de cubrir desde las necesidades más básicas de un usuario novel hasta los flujos de trabajo avanzados de profesionales de la programación, la edición multimedia o la administración de sistemas.