Por qué Samsung cambia Exynos por Snapdragon en la gama alta

Última actualización: mayo 21, 2026
  • Samsung apuesta por Snapdragon en la gama Ultra por rendimiento, IA y eficiencia, relegando Exynos a modelos S que no son Ultra.
  • La transición arriesgada a GAA y problemas de rendimiento en fábricas debilitaron a Exynos frente a los Snapdragon fabricados por TSMC.
  • La unificación del hardware con Snapdragon simplifica el desarrollo de software y ofrece una experiencia homogénea a nivel global.
  • Exynos 2600 demuestra una mejora notable en 2 nm GAA, manteniendo vivo a Exynos en la gama alta no Ultra mientras Samsung refina su tecnología.

Procesadores Samsung Exynos y Qualcomm Snapdragon

Durante años, muchos usuarios de Samsung se han preguntado por qué algunos modelos de la marca montan procesadores Exynos y otros Snapdragon, y por qué en la gama más alta se ha impuesto, una y otra vez, la opción de Qualcomm. Si tú también te has cambiado a otro fabricante o te has dado cuenta tarde de estas diferencias, no eres el único: es un tema que mezcla tecnología, rendimiento real, estrategia de negocio y hasta acuerdos legales muy antiguos.

Hoy, con los Galaxy S26 ya en el horizonte y con el Galaxy S26 Ultra apostando de nuevo por Snapdragon en todo el mundo, la pregunta se vuelve todavía más interesante: si Samsung tiene sus propios chips, ¿por qué recurre al competidor? Vamos a desgranar, con calma pero sin rodeos, qué ha pasado con Exynos en estos últimos años, por qué Qualcomm se ha ganado la gama más alta y qué papel juega cada uno ahora mismo en el catálogo de Samsung.

Samsung, su negocio de semiconductores y el papel de Exynos

Cuando hablamos de Samsung no hablamos solo de móviles; hablamos de un gigante que tiene una enorme división de semiconductores y negocio Foundry. Dentro de esa pata industrial fabrican de todo: memorias, chips de almacenamiento, sensores de imagen, LEDs, soluciones de seguridad, paneles de pantalla y, por supuesto, sus procesadores móviles Exynos.

Los Exynos llevan décadas presentes en smartphones, y no solo en Samsung: en su momento también se vieron en teléfonos de otras marcas. Sin embargo, si miramos los últimos cinco años, la historia da un giro importante. Mientras Qualcomm y TSMC han ido consolidando procesos de fabricación muy fiables en la gama alta, Samsung ha intentado adelantarse tecnológicamente con sus propias litografías… y ahí es donde empiezan parte de sus problemas.

Conviene entender también que Samsung no es solo cliente de Qualcomm, sino que a menudo actúa como fabricante de chips para terceros. En sus fábricas se producen obleas tanto para sus Exynos como para determinados Snapdragon, lo que complica aún más el equilibrio entre apostar por lo propio y aprovechar la potencia de Qualcomm para sus móviles estrella.

De FinFET a GAA: la apuesta arriesgada de Samsung Foundry

Uno de los puntos clave para entender por qué Samsung ha aparcado Exynos en su gama Ultra es el salto de fabricación de transistores FinFET a GAA (Gate-All-Around). Mientras TSMC exprimía al máximo su tecnología FinFET en 5 y 4 nm con rendimientos muy altos, Samsung decidió arriesgar fuerte e intentar coronarse como líder con GAA en nodos muy avanzados.

El razonamiento de Samsung tenía dos patas muy claras: por un lado, con FinFET empezaban a chocar con límites de rendimiento, consumo y problemas térmicos; por otro, querían dar un golpe sobre la mesa en el mercado de foundries, ofreciendo una alternativa más avanzada que lo que TSMC tenía entonces. Así llega el gran movimiento: producir obleas de 3 nm con transistores GAA antes que nadie.

El problema es que, en la práctica, esa transición no salió como esperaban. Se empezaron a reportar bajos rendimientos en los chips fabricados con esa tecnología: demasiados defectos por oblea, demasiados chips inservibles y dudas sobre si el proceso se había madurado lo suficiente antes de lanzarse a producir en masa.

Entre las teorías que circularon, algunos analistas hablaron de falta de pruebas exhaustivas pre-producción, y otros apuntaron directamente a fallos en fases críticas como la deposición de óxidos en el proceso de fabricación. Sea como fuere, aquel tropiezo acabó siendo una losa enorme sobre la línea Exynos, porque impedía garantizar chips estables y competitivos para los modelos más exigentes de la compañía.

Mientras tanto, TSMC consolidaba su proceso de 5 nm y luego 4 nm para Qualcomm, Apple y otros clientes, con unos niveles de rendimiento y eficiencia muy difíciles de igualar. La consecuencia directa fue que Samsung se vio forzada a rebajar el protagonismo de Exynos en los Galaxy más críticos para su imagen de marca, empezando por los modelos Ultra.

La revolución de la IA móvil: Qualcomm se adelanta

La otra gran pata del cambio hacia Snapdragon en la gama alta de Samsung tiene que ver con la inteligencia artificial en el dispositivo. Mientras gigantes como NVIDIA, AMD, Google, OpenAI y la propia Qualcomm pisaban el acelerador para llevar la IA generativa al móvil, Samsung necesitaba un socio capaz de ofrecer una NPU realmente puntera.

Qualcomm empezó a lanzar plataformas muy potentes, como los Snapdragon 8 de última generación y posteriormente la familia Snapdragon 8 Elite, con cifras de TOPS (operaciones por segundo en IA) enormes. Esto abría la puerta a ejecutar modelos complejos como Gemini, ChatGPT u otras soluciones de IA directamente en el smartphone, sin depender siempre de la nube.

Samsung se encontró con que la NPU de estos Snapdragon de gama alta llevaba una clara ventaja y decidió apoyarse en ella para levantar su propio ecosistema de Galaxy AI. Con esa base de hardware, One UI empezó a integrar funciones de IA cada vez más avanzadas en modelos como el S25 Ultra y, después, el S26 Ultra: herramientas de edición de vídeo inteligentes, traducción en tiempo real durante llamadas, funciones de asistente avanzado y un buen número de extras que requieren una NPU musculada.

Esta combinación de Snapdragon 8 Elite “for Galaxy” más Galaxy AI se convirtió en una seña de identidad de la gama Ultra. En un contexto donde la IA es el gran argumento de venta, un posible desfase de Exynos frente a la propuesta de Qualcomm era un riesgo que Samsung no parecía dispuesta a correr en su buque insignia.

Rendimiento gaming y el experimento con AMD y RDNA 2

El rendimiento en juegos siempre ha sido un área en la que los Galaxy más potentes presumían sin complejos. Durante mucho tiempo, los topes de gama de Samsung figuraban entre los mejores en benchmarks como AnTuTu o pruebas gráficas exigentes, posicionándose como referencia para gaming móvil.

Sin embargo, Qualcomm tomó varias decisiones estratégicas muy acertadas: se apoyó en TSMC y su proceso N3 de 3 nm, consiguiendo chips más eficientes y con mayor frecuencia sin disparar temperaturas, y continuó afinando sus GPU Adreno, añadiendo soporte a tecnologías como Ray Tracing y soluciones como Snapdragon Game Super Resolution para incrementar FPS de forma inteligente.

Samsung, por su parte, se alió con AMD para llevar la arquitectura RDNA 2 a los Exynos a través de las GPU Xclipse. Sobre el papel sonaba espectacular: heredar parte de la tecnología gráfica de las consolas de nueva generación en un móvil. Pero en la práctica el resultado no cumplió las expectativas: los Exynos con GPU Xclipse no lograban ponerse al nivel de las mejores Adreno en rendimiento sostenido, eficiencia y estabilidad térmica.

En escenarios de juego prolongado, los Snapdragon se comportaban mejor: más FPS estables, menos throttling y un consumo más contenido. Esa diferencia se notaba todavía más cuando se comparaban versiones de un mismo Galaxy con Exynos frente a su gemelo con Snapdragon, algo especialmente sangrante para los usuarios que pagaban el mismo precio por un rendimiento objetivamente inferior.

A medida que esa realidad se hacía evidente en pruebas independientes y comparativas en vídeo, la imagen de los Exynos se iba erosionando. Y para una marca que quiere que su Ultra sea el referente mundial en potencia y gaming, seguir apostando por un chip menos competitivo no era una opción lógica.

Unificar hardware para todo el mundo: adiós a la lotería del procesador en la gama Ultra

Antes de que Samsung diera el paso definitivo de retirar Exynos de la gama Ultra, ya existía un escenario peculiar: en Estados Unidos los Galaxy Note y después los Ultra se vendían tradicionalmente con procesadores Snapdragon, mientras que en Europa y otras regiones se apostaba por Exynos.

Este enfoque por regiones generaba varios quebraderos de cabeza. Por un lado, tener un mismo modelo con dos SoC diferentes según el país complica enormemente desarrollo, pruebas, optimización de consumo, gestión de módems y hasta soporte técnico. El SoC integra CPU, GPU, módem, NPU, controladores de memoria, funciones avanzadas de cámara, Wi‑Fi, Bluetooth, gestión de antenas… cambiar de chip implica cambiar medio móvil a nivel interno.

Por otro lado, en un mundo globalizado, los usuarios comparan todo. Muy pronto empezaron a aparecer vídeos y análisis enfrentando versiones Snapdragon y Exynos de los mismos Galaxy: mayor fluidez, mejor autonomía y mejor cobertura en la variante Snapdragon. La percepción de que quienes recibían Exynos pagaban lo mismo por un producto “capado” se hizo muy fuerte.

Desde el punto de vista de imagen de marca, esa “lotería del procesador” era insostenible a largo plazo, sobre todo en la gama superior. Unificar la gama Ultra con Snapdragon en todos los mercados resolvió de un plumazo la polémica, simplificó el desarrollo y garantizó una experiencia homogénea para cualquier usuario, comprara donde comprara.

Además, Samsung ya tenía una larga experiencia trabajando con Qualcomm en sus móviles premium, así que extender esa colaboración a todos los Ultra fue un paso natural. Si a eso sumamos que gran parte de la IA y de las funciones avanzadas de conectividad venían fuertemente ligadas al ecosistema Snapdragon, la decisión se volvía todavía más evidente.

Costes de software, drivers y soporte: por qué apoyarse en Qualcomm compensa

Desarrollar un procesador propio no es solo un tema de diseño de silicio; también exige mantener bases de código, drivers de GPU, firmware del módem, optimizaciones de IA y capas de software que tienen que funcionar como un reloj. Cada nueva versión de Android, cada evolución de One UI y cada avance en fotografía computacional requiere un trabajo ingente sobre el hardware.

Cuando Samsung apuesta por un Snapdragon 8 de turno, se beneficia de que muchos otros fabricantes utilizan el mismo chip: Xiaomi, OnePlus, POCO, ZTE, Honor, Sony, Motorola, ASUS y varios más. Eso implica que Qualcomm ya tiene un ecosistema de soporte y desarrollo muy robusto, con correcciones y mejoras que se despliegan de forma transversal a multitud de marcas y modelos.

Para Samsung, esto significa ahorrar una cantidad importante de recursos en mantenimiento de drivers, validación y depuración, pudiendo concentrar más esfuerzos en optimizar One UI, las funciones específicas de los Galaxy y su propio ecosistema de servicios. No es que dejen de desarrollar software para sus móviles, pero se apoyan en Qualcomm para reducir carga de trabajo y coste.

Con Exynos, en cambio, Samsung debe asumir prácticamente en solitario todo ese esfuerzo de soporte a largo plazo. En un mercado tan competitivo, donde los ciclos de desarrollo se acortan y la presión por sacar actualizaciones rápidas es enorme, esta diferencia de coste y complejidad no es trivial a la hora de decidir qué chip se usa en cada gama.

Exynos sigue vivo: su papel en los Galaxy S que no son Ultra

Que Samsung haya elegido Snapdragon para su gama Ultra no significa que haya enterrado Exynos. De hecho, para mercados como Europa, los Galaxy S26 y S26+ montan el Exynos 2600, un procesador fabricado con el primer proceso GAA de 2 nm de Samsung y que incorpora un diseño de 10 núcleos orientado a ofrecer mucha potencia sin disparar el consumo.

Si comparamos el Galaxy S26 con el S26 Ultra equipado con Snapdragon 8 Elite Gen 5 for Galaxy, apoyándonos en pruebas como las de GSMArena, vemos diferencias claras pero no dramáticas en benchmarks. En AnTuTu v11, el S26 ronda los 3.064.672 puntos, mientras que el S26 Ultra asciende a unos 3.892.165. En 3DMark Wild Life Extreme, el S26 se sitúa en torno a 7.230 puntos frente a los 7.744 del Ultra.

Lo interesante es que el Exynos 2600 ha sorprendido positivamente: ofrece un rendimiento muy alto en móviles por debajo de los 1.000 €, con una autonomía que se acerca a la de un iPhone 17 Pro y supera claramente a modelos como el Google Pixel 10 Pro XL. Si tenemos en cuenta que su rival directo sería más bien el iPhone 17 “normal”, y no las versiones Pro, la jugada de Samsung tiene sentido.

La idea parece clara: reservar el máximo nivel de potencia, IA y capacidades gráficas extremas para el Ultra con Snapdragon, mientras que los S26 y S26+ con Exynos 2600 buscan un equilibrio muy competitivo entre rendimiento, batería y precio. De este modo, Exynos sigue teniendo cabida en la gama alta, pero sin cargar con el peso de ser el buque insignia absoluto.

Al mismo tiempo, utilizar el Exynos 2600 en una parte significativa de la producción permite a Samsung seguir madurando su proceso GAA de 2 nm, recopilar datos reales de uso, mejorar rendimiento térmico y autonomía, y demostrar que la segunda oportunidad de su tecnología GAA puede funcionar mucho mejor que el intento fallido anterior.

Reparto global S26: 70 % Snapdragon, 30 % Exynos

Según filtraciones y reportes de medios especializados, Samsung habría cerrado el reparto de chips para la familia Galaxy S26 con una proporción aproximada del 70 % de unidades con Snapdragon y 30 % con Exynos a nivel mundial. En este esquema, el S26 Ultra utilizaría siempre el Snapdragon 8 Elite Gen 5 en todos los mercados.

En países como España y, en general, Europa, esto se traduce en que los Galaxy S26 y S26+ llegarán con Exynos 2600, mientras que el Ultra mantendrá Snapdragon de forma homogénea. En Estados Unidos, Japón y China, en cambio, todos los modelos de la serie S26 se venderán con Snapdragon, sin Exynos.

Esta decisión no solo obedece a estrategia comercial, sino también a limitaciones de capacidad de producción del propio Exynos 2600. Los informes apuntan a que la tasa de chips aprovechables en la fábrica (rendimiento por oblea) ronda el 50 %, cuando lo deseable para garantizar un suministro estable sería al menos un 70 %.

Con ese rendimiento, Samsung no puede basar toda la producción mundial de la familia S26 en Exynos, así que combina Qualcomm y su propio chip según regiones. Para Europa supone repetir, en cierto modo, la situación vivida con los Galaxy S24 y S24+, que también recuperaron Exynos tras una generación S25 compuesta íntegramente por Snapdragon.

Lo que está claro es que esta división geográfica sigue siendo una apuesta algo arriesgada para Samsung, porque la memoria de los usuarios sobre la “lotería del procesador” y las antiguas desventajas de Exynos todavía pesa. La compañía confía en que el salto del 2600 sea suficiente para cambiar esa percepción, pero las pruebas independientes y la experiencia de los usuarios tendrán la última palabra.

Exynos frente a Snapdragon: diferencias técnicas y de enfoque

Si ampliamos un poco el foco y comparamos las familias Exynos y Snapdragon en general, vemos que ambos se sitúan entre los procesadores más utilizados en Android. Mientras que Exynos se usa sobre todo en Samsung (y puntualmente en marcas como Vivo), Snapdragon está presente en fabricantes de todo tipo, desde Xiaomi y Motorola hasta marcas más pequeñas.

En Snapdragon, Qualcomm segmenta sus chips con series muy claras: la 600 y 700 para gama media, y la 800 (o los Snapdragon 8 Gen X) para gama alta. Con lanzamientos como el Snapdragon 888+, el 8 Gen 1, y posteriormente sus versiones mejoradas y los 8 Elite, han ido afinando rendimiento, IA, conectividad 5G y eficiencia energética.

El Snapdragon 8 Gen 1, por ejemplo, fue uno de los primeros en usar un proceso de 4 nm, integrando una CPU de ocho núcleos con Cortex‑X2 de alto rendimiento, una GPU Adreno de cuarta generación y un módem 5G muy avanzado, mejorando fotografía, grabación de vídeo, IA y reduciendo consumo frente a generaciones anteriores.

En el lado de Exynos, Samsung ha ido avanzando con chips como el Exynos 2100 (5 nm) y el Exynos 2200 (4 nm), ambos presentes en sus Galaxy S21 y S22 respectivamente. El 2200, en particular, llegó como gran apuesta en fotografía, IA y gaming, con la ya mencionada GPU Xclipse basada en tecnología AMD y soporte para 5G integrado.

Técnicamente, cuando comparamos generaciones equivalentes en el papel, Exynos y Snapdragon suelen presentar configuraciones muy similares en nanómetros, núcleos y conectividad. Sin embargo, históricamente los Snapdragon han mostrado mejor comportamiento en gestión térmica, rendimiento sostenido, eficiencia del módem y soporte de software a largo plazo, especialmente cuando son fabricados por TSMC.

En los Exynos, además, persiste un punto débil en algunos modelos: el módem 5G separado del procesador en lugar de completamente integrado, lo que puede penalizar la eficiencia energética bajo uso intensivo de datos, pese a contar con soporte para mmWave, Sub‑6 GHz, Wi‑Fi 7 y Bluetooth 5.4 en los modelos más recientes.

Una relación larga y compleja: Samsung y Qualcomm desde los 90

Para entender por qué Samsung no se limita a usar siempre Exynos, hay que echar la vista atrás. En 1993, ambas compañías firmaron un acuerdo por el cual Samsung podía producir sus propios módems CDMA para usarlos en sus dispositivos, pero sin la posibilidad de vender esos chips a terceros.

Con el tiempo, la tecnología de Samsung fue avanzando y lograron integrar módems compatibles con CDMA dentro de sus Exynos. En 2014 presentaron su primer SoC con LTE integrado, pero seguían atados a las condiciones del acuerdo de los 90, que limitaba su capacidad para comercializar esos chips a otros fabricantes.

Según medios coreanos, en 2011 Samsung trató de renegociar el acuerdo con Qualcomm, y unos años después la relación se crispó tanto que acabaron yendo a juicio en Corea del Sur. El acuerdo original de 1993 se llegó a considerar una forma de bloqueo que impedía a Samsung competir libremente como proveedor de chips. Aun así, algunos fabricantes como Meizu llegaron a usar Exynos en sus móviles.

Qualcomm, por su parte, no es ajena a los pleitos por posición dominante: en China ya recibió una multa de cientos de millones de dólares y en Europa se ha enfrentado a sanciones por su relación con Apple. Pese a todo, ambas empresas han seguido haciendo negocios, y en 2017 Samsung compró grandes cantidades de Snapdragon 835 para el Galaxy S8, asegurándose así stock suficiente y dejando a algunos rivales con chips menos avanzados.

También ha habido momentos de distanciamiento, como cuando Samsung dio la espalda al problemático Snapdragon 810 por sus problemas de sobrecalentamiento. Pero, en líneas generales, la relación se ha mantenido porque a ambos les interesa entenderse: Samsung necesita chips competitivos para sus móviles estrella y Qualcomm se beneficia de tener a uno de los mayores fabricantes del mundo como cliente y, en muchas ocasiones, como socio de fabricación.

Rendimiento real, usuarios y percepción: por qué muchos prefieren Snapdragon

Más allá de las hojas de especificaciones, lo que ha terminado de inclinar la balanza en la mente de muchos usuarios es la experiencia del día a día. En generaciones como la del Galaxy S10, donde coexistían versiones Exynos y Snapdragon, se hizo evidente que el Exynos no era malo… pero el Snapdragon era claramente mejor.

En términos de potencia bruta, cualquier procesador de gama alta actual va sobrado para el 99 % de usuarios, por lo que la diferencia en benchmarks no siempre es crítica. Sin embargo, al poner uno frente a otro o ver comparativas en vídeo, se notaban animaciones más suaves, menor lag y una sensación de fluidez superior en las variantes con Snapdragon.

La cosa se volvía más seria al hablar de cobertura de red y batería. Muchos propietarios de modelos Exynos reportaban diferencias de autonomía notables respecto a las versiones con Snapdragon, así como una gestión de señal algo peor en determinados escenarios. Para quienes pagaban el mismo PVP por un rendimiento inferior, la sensación de agravio era comprensible.

Desde una óptica de fidelidad de marca, este tipo de decisiones de montar distintos chipsets y cobrar lo mismo no ayudan. Varios usuarios han expresado que, de haber tenido un Galaxy S10 solo con Exynos en todo el mundo, probablemente nadie se habría quejado tanto, porque no habría punto de comparación claro. El problema surge cuando se generan dos versiones y, al compararlas, las costuras del Exynos quedan al descubierto.

Todo esto ha hecho que, en foros especializados y entre aficionados, exista una preferencia bastante marcada por las versiones Snapdragon de los Galaxy, hasta el punto de que algunos evitan comprar modelos Exynos o importan unidades extranjeras, aun perdiendo garantía, con tal de asegurarse el SoC de Qualcomm.

Mirando todo el panorama, se entiende que Samsung haya decidido blindar su gama Ultra con Snapdragon por tercero año consecutivo y relegar Exynos a modelos donde la presión competitiva y de imagen es algo menor. A la vez, la compañía sigue perfeccionando su proceso GAA y demostrando que, cuando se toma el tiempo necesario, puede lograr chips como el Exynos 2600, capaces de ofrecer gran rendimiento y buena autonomía en precios algo más contenidos. El futuro dirá si Exynos vuelve algún día a coronar la gama más alta o si la alianza con Qualcomm se mantiene como fórmula ganadora en la cima del catálogo de Samsung.

Related article:
El procesador del móvil: clave en su rendimiento